Baptism of the Lord

My dear Brothers and Sisters,

This weekend we celebrate the Baptism of the Lord. This solemnity closes the Christmas season. The baptism of Jesus connects the Christmas event with the ministry of the Lord which flowed from His baptism by John. As this celebration reminds us of our own baptism, it teaches us that all the events of the life of Jesus from His birth informed and formed Him into the preacher and healer He was (and is). Our past is an inherent part of ourselves; it informed and formed us into who we are today. Our whole life is a gift, the light and the shadow, the good and the not so good. Baptismal grace builds on our very nature our new  reality as a child of God.

The Lord also demonstrates, by submitting to the baptism of John, that He has joined us in solidarity in all of our human reality and experience. It truly marks the beginning of the salvation which Christ came to share with us, which culminates in the Paschal Mystery of His Passion, death, and Resurrection. By submerging Himself in the waters of the Jordan Jesus literally plunges into the depths of human misery. Rising from the waters He elevates all humankind out of those depths into God’s marvelous light and life. Through Jesus’ solidarity we share in the divine life of the Godhead. This is sealed by the descent of the Holy Spirit and by the Father’s voice saying that Christ is His beloved Son with whom He is well pleased. And through Christ, the Father reminds us that we are His beloved sons and daughters pleasing to Him. May God, Father, Son and Spirit bless you all this day.

 

Bautismo del Señor

Mis queridos Hermanos y Hermanas,

Este fin de semana celebramos el Bautismo del Señor. Esta solemnidad cierra la temporada de la Navidad. El bautismo de Jesús conecta la Navidad con el ministerio del Señor que fluye de su bautismo por Juan. Ya que esta celebración nos recuerda de nuestro propio bautismo, nos enseña que, igual que todos los eventos en la vida de Jesús, desde su nacimiento informó y formó su persona como el maestro y sanador que era (y sigue siendo). Nuestro pasado es una parte inherente de nuestro ser; informó y formó quienes somos el día de hoy. Nuestra vida entera es un don, la luz y las sombras, lo bueno y lo malo. La gracia bautismal construye sobre nuestra naturaleza la nueva realidad que somos hijos/hijas de Dios.

El Señor también demuestra, sometiéndose al bautismo de Juan, que Él se une en solidaridad a toda la realidad y experiencia humana. Veramente señala el comienzo de la salvación que Cristo vino a compartir con nosotros, culminando en el Misterio Pascual de su Pasión, muerte, y Resurrección. Al sumergerse en las aguas del Jordán Jesucristo literalmente penetra a la profundidad de la miseria humana. Ascendiendo de las aguas Él eleva toda la humanidad de esas profundidades a la luz y vida maravillosa de Dios. En la solidaridad de Jesús compartimos la vida divina de Dios. Esto está marcado por el Espíritu Santo con su presencia y aprovado por la voz del Padre diciendo que, “Este es mi Hijo, el Amado; en él me complazco.” Y por Cristo, el Padre nos recuerda que somos sus hijos e hijas amados con cual Él está complacido. Que Dios, Padre, Hijo, y Espíritu Santo los bendiga.